Percepciones, opiniones y una profecía sobre la UAP (Universidad Autogestionada Popular)

En pleno proceso de construcción de la Universidad Autogestionada Popular (UAP) ha surgido el debate entre diversos compañeros sobre la idoneidad del proyecto como referente de la lucha estudiantil. En los últimos años he sido testigo de huelgas efímeras, manifestaciones masivas, ocupaciones e incluso huelgas de hambre contra el Plan Bolonia. El éxito de las acciones ha sido escaso, las reclamaciones y gritos por una “universidad pública y de calidad” han recorrido y llegados a todos los lugares, excepto en los que nuestros gobernantes habitan. Hoy nuestra universidad es menos pública y posee menos servicios, y difícilmente la universidad podrá ser renovada sin un cambio radical en la sociedad. Las reformas a las que podemos llegar serán importantes y algunas incluso vitales pero no lo suficiente, si el Estado y el capital mantienen su dominio de la educación. Por lo tanto, si lo anterior ha fracasado, y la actual lucha estudiantil parece vagar por el desierto ¿que podemos hacer? Descartado reclamar nuestros derechos a las instituciones que nos lo arrebatan ¿tomaremos las instituciones? Sin profundizar en la idoneidad del proceso parlamentario como modelo de lucha revolucionaria, se requieren años y grandes recursos humanos y económicos que no poseemos actualmente ¿tomar por la fuerza las instituciones? Sí, la Revolución es una idea fantástica, la mejor de todas ellas ¿pero hace falta preguntarse por su próxima consecución?¿Incluso, es una opción contemplada seriamente más allá de las mentes más utópicas y fantasiosas?

La pregunta, por tanto, parece sencilla ¿qué hacer en la universidad si queremos otro tipo de universidad? Desde la Asamblea Llibertària de la UAB la respuesta ha sido aplicar la acción directa aplicada al conocimiento, y por tanto abogar por la construcción de nuestra propia universidad y ahí radica la fuerza de la UAP, un proyecto entre iguales sin intermediarios, en que nosotros tomamos las decisiones, las llevamos hacia adelante según nuestras posibilidades, decidimos el cuando y el dónde, sin órdenes, sin exámenes, ni profesores que impongan su dogma como la verdad absoluta. Algunos compañeros consideran este proyecto, no sólo necesario, sino el camino a seguir incluso ajeno a la lucha estudiantil en una postura que no comparto totalmente.

La UAP nunca debe ser el único camino a recorrer del movimiento de lucha estudiantil, sino paralelo a él. Además la UAP tiene y tendrá muchos defectos y déficits, que a mi parecer, la destinarán al fracaso. Un ejemplo es que el proyecto surge de estudiantes universitarios para estudiantes, igualmente, universitarios. Mis compañeros criticarán que es falso, que la UAP esta abierta y que se fomenta la participación de personas ajenas de la universidad pero la dirección de las propuestas se focalizan, de momento, a nuestro particular ghetto. No es un tema que me preocupe especialmente, comprendo que hay que consolidar el proyecto, y asegurarnos que los cimientos son sólidos, pero sin duda alguna la UAP a largo plazo debe encaminarse para extender el conocimiento a otras capas de la sociedad si queremos ser fieles al espíritu de horizontalizar el conocimiento, y no sólo el conocimiento teórico profundo, propio de tertulias de café, sino un conocimiento integral, como se preguntaba retóricamente una compañera ¿por qué no enseñar a cocinar, a coser, a cultivar la tierra, y no sólo la mente?

Pero el principal problema de la UAP, y me atrevo a profetizar también que la principal causa del futuro fracaso del proyecto es la autogestión. La autogestión, antes de que me crucifiquéis, no es en sí el problema, es un modelo de gestión perfecto pero requiere implicación, y por ende, ganas, energías y tiempo. Sin la consecución de estas cuatro condiciones no habrá UAP ni proyecto autogestionado capaz de sobrevivir. ¿Desconfío de mis compañeros y de mi mismo? No, tan sólo soy pesimista, observo con preocupación una serie de indicativos que apuntalan mi creciente pesimismo: la aplicación del Plan Bolonia que mantiene a muchos compañeros permanentemente ocupados con trabajos, exámenes y practicas, pues no debemos olvidar que la UAP no sustituye la función primordial de una universidad: extender titulaciones. Si incluimos a los compañeros que trabajan para sobrevivir, y añadimos a todo ello la militancia en la lucha estudiantil o en otras agrupaciones el panorama parece desolador para la UAP. Su fracaso, por tanto, no será debido a su no idoneidad en el momento histórico o los errores en su aplicación, que los hay y habrá, sino en que las personas no participarán de forma activa, por los motivos anteriormente expuestos y otros muchos más. Los proyectos políticos sin individuos que dediquen buena parte de sus energías en ello están abocados al fracaso, y es por ello principalmente que creo que la UAP fracasará. Pero no debemos renegar ni tener miedo a fallar, el éxito de la UAP será nuestro éxito y su fracaso será una nueva derrota del movimiento estudiantil.

P.

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